La review en vídeo
El Traxxas UDR me entró por los ojos: la suspensión y su forma de moverse me parecían una de las cosas más atractivas del modelo. Lo compré de segunda mano, desmontado, lo reparé y lo utilicé. Aun así, acabé vendiéndolo.
Una compra que empezó en el banco de trabajo
La unidad que encontré necesitaba reparación en la transmisión. Su anterior propietario me explicó que no había conseguido volver a montarla.
Me puse con los recambios, aproveché para hacer mantenimiento de diferenciales y adapté la conexión de alimentación a mi equipo. Ese punto de partida importa: mi experiencia no comienza con un UDR nuevo recién sacado de la caja.
El acceso a las piezas no me resultó cómodo
Lo que más me pesó en el taller fue la cantidad de desmontaje necesaria para acceder a algunas zonas. Me parecía mucho trabajo para intervenir en piezas pequeñas de la transmisión.
No doy un tiempo de reparación medido ni una lista de averías que vayan a sufrir todas las unidades. Lo que cuento es por qué ese mantenimiento me resultaba menos agradecido que el de otros coches que utilizaba.
Su forma de conducir no era lo que buscaba
Una vez reparado, el coche funcionaba y disfrutaba de verlo moverse. En el circuito, sin embargo, me costó adaptarme a las curvas y a sus inercias. No conseguía el tacto al que estaba acostumbrado con los buggies.
También me sorprendió encontrar el tren trasero bloqueado en la configuración que tenía. Yo quería poder jugar con el ajuste de un diferencial convencional y no me apetecía seguir comprando opciones para cambiar el carácter del coche.
Eso describe mi preferencia. No concluyo que la arquitectura del UDR sea un fallo por no comportarse como otro tipo de vehículo.
El uso compartido también influyó
Cada vez disfruto más de coincidir con otros aficionados y rodar con coches de comportamiento parecido. Con el UDR me costaba encontrar ese mismo ritmo y no tenía ganas de dedicarle el aprendizaje que necesitaba.
En los saltos tampoco conseguía las correcciones con gas que buscaba. Explico que lo intenté con 4S y 6S, sin convertirlo en una comparación instrumental de respuesta entre configuraciones.
Por qué decidí venderlo
Seguía gustándome estéticamente, pero prefería utilizar el espacio y el presupuesto en coches que sacara más a menudo. No me arrepiento de la venta: fue una decisión sobre mi uso, no una conclusión de que nadie pueda disfrutar del modelo.
La siguiente etapa de esa afición por el circuito aparece en mi Serpent GTE. La ficha del UDR conserva esta experiencia como referencia independiente.